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Terra
La Coctelera

¿Vivir era eso?

Puedo pasarme toda una vida hablando, la historia es muy extensa, ya que un día tras otro durante el tiempo de un año supone en la vida de un hombre una sucesión enorme de hechos, aunque sólo un pequeño paso en toda su existencia.

Recuerdo cómo los días pasaban en la casa, cómo las horas conseguían evidenciar la fatalidad de vivir en ese lugar porque, aunque el principio fue bastante bueno allí, lo que vendría a continuación sería un pequeño calvario.
La vida, que está llena de simples consecuencias, surgidas de hechos que en un momento parecen o no tener importancia, le pone a uno en cuestión de segundos en la situación más adversa que pueda imaginar, vivir allí era eso. Un tira y afloja al que uno no terminaba acostumbrándose, un disculpa que se sucedía una vez tras otra al equivocarse en algo que no tenía importancia, tras debatir sin argumentos una idea que era considerada inconsistente o simplemente por ser diferente a un grupo de personas.

A veces me pregunto si lo que hacía allí estaba bien o mal, pues al ser discutido por esto o lo otro con argumentos tan coherentes y expuestos, mayoritariamente, de tan buena forma pareciera que no tenía yo la razón o que me estaba volviendo loco.

Muchas de las palabras que me dijo mi casero alguna vez estaban pensadas premeditadamente, tras sopesar con cautela cada una de las posibles consecuencias, pero unas de las que me decía de vez en cuando y que nunca se me olvidarás era: "Nosotros aquí no pretendemos cambiar tu opinión en nada, tú tienes tus formas de pensar". Estas sencillas palabras eran, por contra, una mentira en toda regla, según se mire, claro.

Bien es cierto que cuando llegué allí tenía unas ideas un poco difusas, que con el tiempo, gracias a tales opiniones "gratuítas" que tuve que oír más de una vez, que no escuchar ya que el que desempeña esta función se encuentra convencido e interesado por lo que le están contando, supe que había unos valores que como ser humano que era tenía que empezar a defender con la cabeza bien alta (como el respeto o la tolerancia).

Y alguno podrá decir que yo pecaba de falta de tolerancia, no lo discuto ni lo más mínimo, pero también digo que eso tenía una razón, sí, una razón, bien conseguida tras verme engullido en una conversación con tres o cuatro hienas que siempre estaban al acecho. Siempre en contra de las posibilidades de defenderme, simplemente con los valores en los que la gente con poca experiencia como yo había creído alguna vez en su vida hasta que se la habían jugado u obtenido otros mejores.
Es curioso, después de tantos meses sin vivir en ese infierno engañoso sigo pensando como siempre, no he cambiado para nada mi forma de ver la vida. Razones tengo.

El yerno perfecto

Como en toda historia siempre suele haber una tercera persona. Una vez más no daré nombres, sólo diré que se trataba de un hombre de poco más de treinta años, natural de Asturias y con una vida apasionante.

Antes de llegar a Murcia y casarse con la hija de mis caseros había vivido del legión y creído sino en todas sus ideas en muchas de ellas con un gran y sorpendente fervor.
Asustaba más de una vez oír la frialdad con la que pensaba en voz alta, los modos de valerse en el mundo sin apenas necesitar de más personas que su mujer, sus padres y sus suegros. Así que el resto de personas sólo éramos seres a los que llegaba a profesar una cierta confianza si realmente se la ganaban.

Entre las muchas costumbres que siempre tuvo una de ellas era la de aventurarse en juicios que se valían en caracteres que veía en alguna persona, en decir, casi con una absoluta precisión, que él o ella era de un modo o de otro y lo que era mucho peor, no solía equivocarse; por lo que más de una vez me sentí ofendido cuando se atrevía a decirme lo que debía hacer ante alguna cosa y nunca llegué a decírselo.

Sin embargo, tenía mucha razón en casi todo lo que decía y cuando se equivocaba no se atrevía ni siquiera a pensarlo detenidamente, porque su personalidad era la de un asturiano con la mente cuadriculada.

Quizás, por lo mucho o bien sabe si poco que había vivido aleccionaba al resto de personas con sus historias de buen hombre y servidor del mundo y cuando buscabas su amistad fuera de aquella casa el hombro era lo poco que miraba de ti, pues prácticamente no eras nada para él.

Meses después de dejar aquel lugar me lo encontraría en un cine, viendo una película taquillera y al saludarle me dio la mano, pero al terminar la sesión y despedirme antes de dejar la sala no me dirigió ni una sola mirada porque se encontraba con su mujer y ella me odiaba por completo.

Supongo que eso era la vida, otra cosa es que yo terminara por aceptarlo, ni micho menos.

Sin razones

Aquel matrimonio tenía dos hijos, uno de ellos por razones de peso tuvo que dejar la casa, mientras que la otra pasaba prácticamente todos los días por allí para ver a sus padres.

Esta chica estaba casada desde hacía ya unos años con una persona del norte y vivían en el mismo pueblo que mis caseros, por lo que al no poder costearse la comida para todos los días venían a visitarnos más de una vez.

En un principio me parecieron unas personas cercanas, a las que creía que podía confiarle más de una historia, más de un secreto y cuando hablaba con mi madre por teléfono le contaba cosas que me habían sucedido durante el poco tiempo que llevaba con ellos y cuáles eran sus opiniones con respecto a ciertos temas interesantes.

Mi madre me respondía más de una vez con recelo y decía que no le hiciera caso a todo lo que me dijeran y con el tiempo me di cuenta de mi error cuando ya me habían cambiado por completo.
Porque yo en realidad llegué a ese pueblo con una personalidad bastante flexible, con ideas que aún no estaban muy afianzadas y al salir de él un año más tarde lo dejé con problemas muy graves, con una personalidad que se hallaba sobre una corriente y podía ser absorbido por ella en tan sólo cuestión de segundos.

Necesité mucho tiempo para poder equilibrar todos los errores cometidos, para sopesar de algún modo todos los hechos que me habían ocurrido en aquel lugar y pensar si es que ciertamente había obrado tan mal como ellos decían.
A pesar de ese tiempo, tres meses escasos, no todo consiguió resolverse, no todas las dudas parecieron tener una identidad clara y más de una vez me sorprendía con lágrimas en los ojos sin tener ni idea de por qué lloraba.

Lo cierto es que sí cometí errores bastante graves, me convertí en una persona violenta pues dentro de mí se estaban anidando ideas que no salían de mi boca y que por contra terminaban saliendo de mi cuerpo con forma de huracán, arrasando con todo lo que se encontraba frente a mí. En esos momentos esta familia conocía lo que eran las formas y la bestialidad que normalmente soltaban por la boca se convertía en delicadeza, así en vez de compartir sus diferencias conmigo en aquella discusión quedaba yo a un lado y sin razón alguna.

Pasados...

Recuerdo porque no tengo otra forma de huir de mi pasado, un tiempo no muy lejano, hace apenas unos meses en los que viví en un pueblo murciano.

En él pareciera que se hubiera parado el tiempo, casi no había bancos, cafeterías, farmacias y la cultura había llegado relativamente tarde al lugar por medio de una biblioteca que prácticamente siempre se hallaba vacía.

Yo era por entonces mucho más joven a pesar de que de aquello sólo han pasado unos meses y no tenía muchas cosas sobre las que sostenerme, en las que encontrar el apoyo porque en realidad estaban mucho más lejos de lo que me hubiera gustado, a unos doscientos kilómetros de donde estudiaba. Así que tenía que sobrevivir de algún modo a través de mis nuevas costumbres, gracias a unas personas que entraron en mi vida con una absoluta pretensión por ambas partes, tanto por parte mía como suya.

El hombre más feliz era yo cuando alguna que otra tarde bajaba a hacer una visita a mi compañero de universidad y esas personas me trataban con tanto afecto, casi como si me conocieran de toda la vida; por lo que un tiempo después, convencido de aquel cariño me fui a vivir con ellos.

Los primeros meses en la casa fueron fabulosos, hablábamos en la comida sobre todo tipo de temas y con una confianza que pudiera asustar a cualquiera, reíamos y charlábamos hasta perder la noción del tiempo y uno pues se sentía mejor cuando les contaba algo que para él tenía importancia. Lo mismo hacían ellos y contaban historias fabulosas que te dejaban con la boca abierta.

Vivía con un matrimonio y dos personas más, encantadoras todas ellas hasta que pasaran unos meses. Sólo para una de ellas mi afecto no ha cambiado y la extraño. Perdónenme si no doy nombres, no quiero problemas pero es que últimamente he leido ciertas cosas y claro, uno no es de piedra.

Paradójicamente las noticias, de las que en un futuro prentendo vivir, delataron a mis compañeros de mesa en más de una ocasión, cuando al hablarse de un tema en la comida salían las verdaderas caras de la realidad, llenas de odio y dolor con respecto al mundo; mientras que de sus bocas salían palabras envenenadas contra todo tipo de personas y posturas ideológicas.
No obstante, como en la casa había dos personas que tenían que llevar aquello más de una vez se mordían la lengua o ocultaban con ideas sus propios pensamientos, de modo que parecían algo confusos e inaccesibles en ciertas ocasiones.
Sus bocas expulsaban veneno con belleza, como si en realidad una cosa fuera de un modo y no de otro. ¿o de una forma o de otra? Esto me lo preguntaba más de una vez y es curioso cómo pasado el tiempo una realidad que se había mostrado cegadora empezaba a clarearse y te dejaba ver al escenario y los personajes de la obra como eran en verdad.

Pero lo realmente gracioso del tema es que cuando quería opinar sobre algo tenía que hacerlo razonadamente, con argumentos de todo tipo y esto no cambió hasta el tiempo de un año, cuando dejé aquel lugar.

Llegué, sin embargo, a encapricharme con ese pueblo y esa gente y una vez pensé que repetiría año allí, pero nada de esto sucedió. Tampoco es que a estas alturas me arrepienta de no haber podido quedarme.

Lo que me resulta verdaderamente triste es que una de esas personas con ideas tan radicalizadas haya abierto un espacio en Internet, valiéndose de la coctelera para dejar en su página una sucesión de textos que se basan en mentiras.